Adrienne Thouverin

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Adrienne Thouverin

Mensaje por Adrienne el Mar Ago 30, 2011 9:24 am

-Nombre: Adrienne Thouverin (Adrie)

-Raza: Humana

-Elemento: Fuego

-Edad: Diecinueve

-Animal a montar: Ave fénix

-Descripción física y psicológica: Silke es una joven de unos diecinueve años de cabellos largos y rojizos que por lo general, siempre están revueltos y en los cuales pueden apreciarse con frecuencia ramitas, y otros pequeños objetos que se le quedan enredados en la melena pelirroja. Bajo el flequillo, del ya mencionado color, se pueden ver unos ojos grisáceo verdosos que la mayoría del tiempo muestran una expresión triste y devastada que contrasta con la sonrisa perenne en sus labios. Su rostro ovalado y níveo hace pasar desapercibido el tono de sus ojos, mientras que contribuye a resaltar unos labios suaves y voluptuosos de un natural rosa claro, continuamente curvados en una mueca de alegría a veces falsa.
Al ser una adolescente no ha terminado de desarrollarse y su estatura, metro con setenta y ocho centímetros escasos, demuestra su disconformidad al crecer de cuando en cuando, algún centímetro más. De todas formas, la joven suele llevar calzado de suela baja en color oscuro, lo que ayuda a realzar su corta altura. Por regla general viste prendas sueltas, las cuales ocultan sus curvas redondeadas y la fineza de sus piernas y tobillos; también por regla, suele vestir camisas holgadas, hasta tal punto que se le resbalan por los hombros sin que roce la indecencia. Suelen ser túnicas, chaquetas, capas y faldas de colores tostados claros, que cualquier otra chica de su edad detestaría, pero con los que ella se siente cómoda y que más por costumbre que por cualquier otra cosa, coloca las mangas arrebujadas en los codos, arremangadas para dejar a la vista unos antebrazos finos y unas muñecas de piel tan clara, que pueden vislumbrarse las venitas azules que por allí discurren.

Adrie tiene una mente enrevesada: Cuando crees que más o menos puedes saber qué cruza por su cabeza, más te equivocas. Al principio, al huir del lugar en que vivía, sólo era una adolescente asustada, una chica aterrorizada todas las noches por pesadillas que al amanecer le recordaban lo que había hecho y la entristecían. Poco a poco aprendió a manejarse, a fingir, a ser más sutil, y la extrema depresión que hasta entonces la acompañaba pasó a ser en su carácter un leve rastro de tristeza en sus ojos, a los que nunca llegaba la supuesta alegría de su sonrisa.
Solía desconfiar de todo y de todos, y no se atrevía a decir lo que pensaba o sentía. Aún todavía guarda rasgos parecidos y calla la mayor parte de lo que emerge en sus pensamientos. Tampoco se atrevía a permitirse sentir nada por nadie, ninguna relación sentimental, ni siquiera lazos de amistad, por miedo a verse obligada de nuevo a lo mismo. Pese a todo, en la actualidad es una persona tranquila, que gusta de escuchar a los demás y que no tiene problema en confiar en terceros siempre y cuando, lo demuestren previamente con hechos.
Por último es una joven de ideas fijas, pese a que en algunas puede cambiar de opinión, todas aquellas que para ella son de determinada forma, son así, no hay más respuesta válida que esa. No obstante no suele imponer sus ideas, en cambio lo que hace es ir a su libre albedrío siguiendo lo que crea que es justo, lógico o razonable. O lo que vaya a serle útil para sí misma.
Aunque en apariencia pueda parecer alegre, optimista y algo risueña de entrada, lo cierto es que es simplemente impredecible pues, tras estas primeras cualidades aguardan sus acostumbradas perspicacia y socarronería. En líneas generales podría decirse que, al carecer de un ambición determinada, no suele interesarse por los que la rodean y por tanto en vez de ayudar o mostrarse amable, suele optar por la indiferencia; No obstante eso no quita que en ocasiones se le "crucen los cables" y de alguna forma busque ofender o molestar por nimio que sea a quien pille: Es su forma de descargar la rabia y otros sentimientos que la desagradan.


-Historia: Nació en una pequeña comunidad humana, reservada y oculta de la vista de los demás, formada por aquellos temerosos del mundo y sus rarezas, de esas criaturas extrañas, misteriosas y rebosantes de poder que según la leyenda, cazaban niños, devoraban vírgenes y coleccionaban huesos y víctimas como el que guarda trofeos; en definitiva, una sociedad de supersticiosos demasiado tozudos como para querer ver la verdad, acostumbrados a la facilidad de la ignorancia e indiferencia.
Como tal, vivían retraídos, ensimismados cada uno en sus vidas y núcleos familiares, educando a su prole tal y como se les había educado a ellos, con el miedo a lo que no entienden. Historias contadas en el lecho a media voz cuando no hay más luz que la de las lámparas para atormentar a los infantes, inculcarles la dudosa virtud del terror más ingenuo y que así ellos continuaran el legado de sus ancestros: Vivir en el miedo de lo que resulta ajeno, causando rechazo y desaprobación en lo referente a lo distinto.
No obstante, desde su más tierna infancia, Adrienne escuchaba esa mitología de boca de su madre no con temor, sino con admiración rayana a la curiosidad casi obsesiva. Llegó al punto de que, a sus seis años, se sabía de memoria la gran mayoría de estos célebres relatos y se los reproducía tanto a niños como a sus mayores. Estos últimos se enorgullecían de tan aventajada alumna sin llegar a percatarse de la fascinación de la pequeña, pese a que esta fuera tan notoria. Como ya había pasado, esa curiosidad acababa perdiéndose en un mar de costumbres y rutina que sumergía ese mundo fantástico en cuentos lejanos sin un mayor significado y aquel que tanto había adorado ese mundo, terminaba olvidándose de la magia del mismo.

Los años pasaron, su cuerpo fue cambiando, sus obligaciones también pero eso nunca llegó a ahogar la parte más destacada de la joven: Su amor desmesurado por esa realidad a la que no podía acceder, el mundo de la magia, de los seres mágicos, todas aquellas razas tan llenas de maravillas, dotadas de habilidades asombrosas. Aún cuando había memorizado cada leyenda y a sabiendas de que existían más allá de los muros de su ciudadela, Adrie se consideraba atada, enjaulada en un lugar que no era el suyo. No quería hacer la comida y tender la ropa por toda la eternidad, su deseo era salir, explorar, descubrir y disfrutar de cada aventura posible… Pero eso sólo eran sueños para ingenuos.
Viendo que su actitud no cambiaba, sino que su afán por conocer aquellos mitos crecía, su madre y hermano trataron de hacerla entrar en razón, recordándole lo malo de cada una de esas criaturas que ella tanto deseaba conocer, sus atrocidades, sus oscuros poderes y deseos, lo que harían con una niña como ella si la pudieran coger. Pero no bastó y se tuvo que llegar a medidas drásticas. Los más ancianos de aquel grupo de traumatizados y traumatizadotes decidieron que habría que meterle el miedo en el cuerpo, aunque hubiera que hallar otras formas. Dicho y hecho, no la sometieron a tortura, pues aquello iba demasiado lejos, sin embargo no se negaron a darle un par de palos, gritándole cuanto creyeron que la convencería.
La muchacha fue devuelta a su casa entre lágrimas y muecas de desdén hacia aquellos que, teóricamente debían cuidarla y protegerla. Al llegar a su hogar ignoró la presencia de su hermano y madre, evitando incluso mirarlos, tal era su enojo. Ella les quería, les contaba sus anhelos y sus tedios y así le habían pagado, vendiéndola a un atajo de idiotas enajenados.
Atizó los rescoldos del fuego para disipar el calor de su enfado, pero no consiguió otra cosa que un revuelo de cenizas. Continuó así por espacio de unos minutos, recreándose en su ira y sus malos pensamientos mientras removía el fuego con unas tenazas. Nunca supo a ciencia cierta qué ocurrió. De repente, de dónde ya no quedaba más fuego, surgieron altas y firmes unas anaranjadas llamas que lamieron no sólo la boca de la chimenea, sino que se propagaron por las sillas, suelos, manteles y todo aquello que estuvo al alcance de las mismas. En cuestión de segundos su hogar se hallaba en llamas y no había escapatoria. O eso creía, pues tras llevarse un trapo húmedo al rostro, se lanzó sin miramientos por la ventana. No había una gran distancia hasta el suelo pero sí la suficiente para romperse un par de costillas en la caída. Su familia, demasiado atemorizada de saltar, quedó encerrada en la casa hasta que incluso acceder a la ventana les fue imposible. Nada pudo hacer Adrienne; la cobardía de su madre y hermano había acabado con ellos y aún así… Se sentía responsable. Muchas eran las veces que había azuzado las llamas y manejaba de sobra el tema de la lumbre, no se explicaba cómo había nacido aquel enorme fuego. No obstante, eso no cambiaba que quien había jugado con los rescoldos era ella; ella había causado indirectamente el incendio que acabara con su familia. Antes del amanecer cogió cuanto pudo de otras casas y con las primeras luces huyó de la comunidad.
¿Cómo iba a explicarle a los demás que, jugando con el fuego, había creado una intensa llamarada que en un abrir y cerrar de ojos había acabado con toda la vivienda? La matarían. Si se quedaba, esa panda de ignorantes y aterrorizados idiotas la apalearían acusándola de dios sabe qué crímenes.

Caminó durante días oculta entre la maleza y matojos, ser descubierta hubiera sido su ruina, e incluso cuando cruzó varias comunidades humanas más, tampoco se mostró, temiendo que hubieran mandado buscarla. Sólo al cabo de una semana un hombre la descubrió tendida en una cuneta, desnutrida, sucia, herida y con los pies hechos una masa de sangre y durezas, todo ese tiempo había caminado descalza. Al despertar y confesarse con aquel desconocido, creyó que era su fin, no podía ir más lejos, sus pies no le dejarían y la culpa y el remordimiento acababan con cada pensamiento y ánimo en su interior. Para sorpresa de Adrie, el hombre, aunque asustado de tener a una posible homicida con él no la delató ni la abandonó, sino que la acompañó a un recinto de aspecto extraño, asegurando que allí se harían cargo de los de su clase. Ella por desgracia, no tenía idea de a qué se refería y esperó paciente a que apareciese alguien.
En la sala entró al poco una mujer, de mirada afilada y segura que habló con ella durante horas, explicándole algunos detalles de lo que había sucedido y comentándole las opciones que le quedaban. Poca atención prestó hasta que de los labios de la fémina salió el término “Escuela de Magia”. Según los relatos de sus ancestros, aquello sólo era un burdel de demonios lleno de intrigas donde engañaban a los humildes de buen corazón y los transformaban en engendros sedientos de venganza y sangre. Para ella era la salvación a una vida que no deseaba. Fuera lo que fuera, la admitieran como estudiante o como sirvienta, permanecer cerca del objeto de su deseo era suficiente.
No dudó un instante, sin siquiera pensarlo se puso a disposición de la dama, que además de ofrecerle un baño, una cena caliente y un lecho cómodo, dispuso para la muchacha un viaje hasta tan lejano y desconocido lugar. Nunca llegó a preguntarle su nombre y cómo sabía todo aquello, sólo reparó en tales datos cuándo ya estaba de camino a la Escuela. Al preguntar a su compañero de viaje, un anciano de amplia sonrisa, éste murmuró algo sobre una antigua alumna. Recordó entonces el brillo poco humano en la mirada de la mujer y sonrió para sí antes de quedar dormida.

-Otros: Le encantan los animales, aunque odia los insectos. Como amante de los bichos suele estar rodeada de todo tipo, aunque los más frecuentes son erizos y ardillas.
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Adrienne
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Re: Adrienne Thouverin

Mensaje por Elyon el Mar Ago 30, 2011 9:42 am

Ficha aceptada. Pásate por los roles de prueba y rolea esta situación. ¡Bienvenida!
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Elyon
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